Nuestra Terapia

 

                     INDIVIDUAL

Terapia individualEl enfoque de base es la corriente cognitivo-conductual. Lo cognitivo hace referencia al pensamiento. Se trata de analizar el esquema mental y el tipo de pensamientos habituales que provocan malestar para trabajar en una reestructuración de dichos pensamientos en busca de otros más reales y sanos. Lo conductual se refiere a las conductas aprendidas perjudiciales que se pueden sustituir por hábitos de   conducta más saludables.

Pero concebimos al ser humano como un ser mucho más complejo que sus “simples” pensamiento y conductas. Lo consideramos en todos sus niveles, un “todo”: físico, mental, emocional y espiritual. Por eso el tratamiento es integral y trabajamos también a nivel corporal (movimiento y relajación), emocional e incluso energético (reiki y masaje metamórfico), como complemento de la terapia psicológica.

Una metodología ecléctica adaptada a cada caso concreto para encontrar y potenciar los recursos que a cada persona le puedan ayudar a sostenerse por si misma.

 

                                                                                                                                                  PAREJA

La terapia de pareja está indicada cuando la demanda se refiere a la dinámica de una relación.
Los motivos de consulta pueden ser diversos: problemas de comunicación, afectivos, sexuales, domésticos, infidelidad, celos, falta de atención, monotonía…, que acaban en discusiones interminables en las que ya no importa el contenido, es decir, el porqué se discute, pues el problema no suele ser por el que se acude, sino que suele tratarse de algo más de fondo.

La terapia sistémica es la más adecuada para solucionar problemas de pareja, pues ésta es un “sistema” y no una mera relación entre individuos.

 

                         

                            FAMILIA

Terapia de familia

 

La familia es el grupo de pertenencia por excelencia en el cual desarrollamos nuestra identidad. Pasa por momentos de crisis y cambios producidos por ciclos naturales de la vida como el nacimiento de un hijo o su adolescencia, el nido vacío, enfermedad o muerte de familiares, jubilación…, o por circunstancias externas a la familia que producen sufrimiento y tensión a más de un miembro de la misma. La terapia de familia se recomienda en estos y otros casos para que ésta recupere su capacidad para atravesar momentos difíciles.